El Acto Institucional de la Hermandad da comienzo con el Acto Protocolario de Apertura de Verjas, en el cual el Hermano Mayor-Presidente de la Hermandad —o el miembro de la Junta de Gobierno que éste designe— solicita al representante de la Comunidad Salesiana (habitualmente el Consiliario de la Hermandad), custodio durante todo el año de las Imágenes Titulares de nuestros Tronos, las llaves de las verjas de cada una de las Capillas donde dichas Imágenes permanecen expuestas a la veneración de los fieles.
Como muestra de agradecimiento por la labor de custodia, la Hermandad hace entrega a la Comunidad Salesiana de una cantidad simbólica de 15 € (equivalente a 1 € por cada una de las figuras custodiadas), que dicha Comunidad destina íntegramente a obras benéficas.
Una vez recibidas las llaves, el Hermano Mayor-Presidente las entrega a dos miembros, encargados de proceder a la apertura de la Capilla de la Santa Cena, y a otros dos, que realicen la apertura de la Capilla de María Madre de Misericordia Auxiliadora del Pueblo Cristiano y del Santísimo Cristo de la Caída. Desde este momento, las Sagradas Imágenes quedan dispuestas para ser instaladas en sus respectivos Tronos y participar en la Estación de Penitencia de la tarde del Jueves Santo.
Acto seguido, se procede a la firma del Acta de Apertura, de la cual da fe el Secretario de la Hermandad, o la persona designada por él a tal efecto. Esta Acta quedará cerrada en la madrugada del Viernes Santo, cuando las Imágenes sean nuevamente colocadas en sus Capillas, tras ser desmontadas de sus Tronos al concluir la Estación de Penitencia.
Las Imágenes del Cristo de la Santa Cena, María Madre de Misericordia Auxiliadora del Pueblo Cristiano y del Santísimo Cristo de la Caída son entonces trasladadas desde sus Capillas hasta el Altar Mayor de la Iglesia.
A continuación, se lleva a cabo la bendición de las vestas y medallas de los nuevos Hermanos y Hermanas. Los coordinadores de cada sección imponen las medallas y colocan las capas a los nuevos integrantes de la Hermandad, culminando así un acto cargado de simbolismo, fraternidad y devoción.